Arte y caos

Déjame

Déjame.

No me hables, no me busques, no me escribas. No hagas promesas que no valen nada, como las de Ferreiro. No me beses, no me toques, no me hagas regalos, no me regales momentos. No me quites el sueño dándome otros. No te cueles en mis pensamientos, ni en mi cama, ni en mi vida, ni entre mis libros, ni entre las películas de madrugada. No me beses con la sonrisa ni me desnudes con la mirada hasta dejar la ropa tirada por el suelo. Sé un punto, no una coma.

Déjame.

Que te hable, te busque y te escriba. Que haga promesas de las que valen y de las que no, como las de Ferreiro. Que te bese, te toque, haga regalos y regale momentos. Que te quite el sueño dándote otros. Que me cuele en tus pensamientos, en tu cama, en tu vida, entre tus libros y entre las películas de madrugada. Que te bese con la sonrisa y te desnude con la mirada hasta dejar la ropa tirada por el suelo. Que sea una coma, no un punto.

Y así de contradictorio es el ser humano.

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