Cine

Oh capitán, mi capitán.

Parece mentira que haya pasado ya un año de aquel día en el que nos levantamos con la terrible noticia de que nos habíamos quedado sin la sonrisa más triste del cine.

El cine se quedó un poco mudo, y sin capitán. Se fue la voz que alegraba las mañanas con su “Good morning Vietnam!”, el profesor chiflado y su masa viscosa y verde, la partida de “Jumanji” se terminó definitivamente, Peter Pan echó a volar y la Señora Doubtfire dejó su puesto.

Son tantísimos los personajes a los que dio voz  y que nos enamoraron que es difícil intentar recordarle sin nombrar a todos. Pero, en este pequeño homenaje al que siempre será uno de mis actores favoritos, yo he decidido quedarme con dos de las películas que más me han enganchado.

La primera no podía ser otra que “El club de los poetas muertos”. Es cierto que por cuestiones de edad yo le conocí con Jumanji y Flubber, pero, fue ver esta película y saber que entraría en el club de las que vería mil veces al año, de hecho un poster del capitán leyéndole a sus alumnos corona mi habitación. Recuerdo que la vi en el colegio y a esa vez la siguieron muchas otras, además cuando empecé a estudiar filología y llegamos a los maravillosos Walt Whitman, Lord Byron, Robert Frost, John Keats…siempre se nos escapaba alguna sonrisilla y nos daban ganas de subirnos a las mesas al grito de “Oh capitán, mi capitán!”.  Yo me enamoré de ese profesor que divulgaba el carpe diem y de esos discursos que te invitaban a pensar por ti mismo, a elegir el camino que tú querías y no el que intentaban imponerte, ese profesor que te acababa convenciendo de que lo que mantiene viva a la gente es la poesía, porque ya sabéis: “A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.”

“Les contaré un secreto, acérquense, no leemos y escribimos poesía porque es bonita, leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana y la raza humana está llena de pasión; la medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida, pero, la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor, son las cosas que nos mantienen vivos.”

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Y, no puedo terminar sin “El indomable Will Hunting”. Ya sobran las palabras sobre su interpretación, el Óscar lo dice todo ¿no? La he elegido por ese discurso en el parque, un discurso que me sé casi de memoria y es que merece la pena verla una y otra vez sólo por escucharlo.

“Eres un crío y en realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston. Si te pregunto algo sobre arte, me responderás con datos de todos los libros que se han escrito. Miguel Ángel, lo sabes todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual… lo que haga falta, ¿no?. Pero tú no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto. Si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas. Puede que hayas echado unos cuantos polvos, pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro. Si te pregunto por la guerra, probablemente citarás algo de Shakespeare: “De nuevo en la brecha amigos míos”. Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro. Si te pregunto por el amor, me citarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno, ni qué se siente al ser su ángel. Al darle tu amor, darlo para siempre. Y pasar por todo, por el cáncer. No sabes lo que es dormir en un hospital durante dos meses, cogiendo su mano, porque los médicos vieron en tus ojos que el término horario de visitas no iba contigo. No sabes lo que significa perder a alguien. Porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente y confiado. Veo a un chaval creído y cagado de miedo. Eres un genio Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio, presumes de saberlo todo de mí porque viste un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida de arriba a abajo. Eres huérfano, ¿verdad?. ¿Crees que sé lo dura y penosa que ha sido tu vida, cómo te sientes, quién eres, porque he leído Oliver Twist?, ¿un libro basta para definirte?. Personalmente, eso me importa una mierda porque, ¿sabes qué?, no puedo aprender nada de ti, ni leer nada de ti en un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quién eres… estaré fascinado. A eso me apunto. Pero no quieres hacerlo, tienes miedo, te aterroriza decir lo que sientes… Tú mueves chaval.”

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2 comentarios sobre “Oh capitán, mi capitán.

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